23.3.09

Los peces naranjas del sol atardeciendo

vienen en oleajes a atravesarme los ojos.

Una vez adentro se miran ofuscados y desaparecen,

la magia que los atraía era falsa.

Y ahora atrapados, explotando, estallan.

Puede que la locura empiece a tallar por dentro,

con su torno elástico, de bordes carcomidos

de saltos al vacío, simplemente por crecer

en el vuelo, en el aire, y olvidarse de la gravedad.

Por crecer un sueño, se transfigura la piel

y se torna gruesa

llena de mensajes

que dicen.

Dicen.

No hay comentarios: