Fuimos encencidos
y volvimos de a pedazos.
Sabiendo que ningún segundo se nos escapó,
hasta que los tiempos desaparecieron.
Ya no entendimos.
Perdimos el hilo
y el silencio se abrió.
Te acompaño ahí,
respeto desde lejos tu tormenta,
esperando que resuelvas
y vuelvas en gritos
a decirme
que no me quede quieto.
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