Era juntar jilgueros con la mano,
si entre los vasos que se iban vaciando
y las ardillas que se te escapaban de los dedos
no encontraste el coágulo,
es que se te caían los mocos.
Igual yo se que vos bailabas
con las patas todas llenas de barro
y bailabas como se debe
con alegría.
A pesar de todos los ganzos
queriendote picotear
buscando la llaga
y siempre encontrando la clavícula.
Ganzos claviculófolos,
que de frente blasfemabas,
después te dabas la vuelta manzana
y le acariciabas el piquito,
porque es así,
te picaban,
pero que rico
lo que viene después del dolor.
A Oliverio.
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