Otro intento fallido de evacuar coherentemente, una fricción inasible a su condición de generadora de esquirlas, pedacitos del vitrificante consuelo-anzuelo de mirar por la ventana del tren y encontrar todo fluido, una aparente aporía perfecta, sin embargo todo inútil. Con los nervios exaltados por esas garzas que caen en medio de las gotas, desplomando su cuerpo, quebrándose los huesos para generar esa armoniosa musicalidad de la lluvia, que quizás en realidad sean renacuajos,
Plumas o gomosidad, variación inevitable para siempre tratar de centrar lo oscuro.
Todo y siempre ¡Que absolutismo! Inefable, digno de de una execración exuberante, pero si, siempre y todos
Ojos de huracanes, ojo de la tormenta,
El centro calmado
Pero desde los vientos
No,
No se ve,
O no veo
No es claro
El centro
Siempre se está moviendo
Y en fin
El movimiento es
su centro
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