Alucinaciones de paraboloides promueven a incrementar una neblina espesa.
¡Es la ausencia de cabos!
Es el suelo húmedo de mi habitación, donde todo comulga fulgores fatuos, donde todo resbala.
¿De donde se supone me deba atar?
¡Parafrenia pérfida! Solo veo peces ciegos, frotando sus gelatinosos cuerpos, sin colisionar sus cabezas por alguna especie de instinto, una falta de respeto a esta realidad concebida con mis pobres cinco sentidos.
Nada es sólido, todo se está moviendo y al final termina derritiéndose y resbala.
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