26.1.09
Esa triste manera de caminar, contando los cuerpos de gaviotas muertas que andan desparramadas por el suelo. Si supiera donde quedo aquel cretino que me decía que sus carnes se regenerarían, que no me preocupara, me decía mientras se atragantaba de nubes. Es hidrógeno y oxígeno me decía, y se atragantaba, se desmayaba, hasta que al otro día aparecía y me volvía a hablar. Yo no lo quería pero él era el único que me hablaba en esos días, quien sabe donde estará ahora. Lo extraño. Sí, al menos el me hablaba, ahora estoy rodeado de cretinos peores, me ignoran, yo les hablo pero ellos se quedan mirándome, sentados o arrodillados en el piso, desparramados por mi cuarto, obsoletos. Me resigné simplemente a observarlos de vez en cuando. Solo hay uno de ellos que me llama la atención siempre, un pequeño niño que todos los días se aparece con una gaviota muerta entre sus brazos y la abraza durante todo el día, creo que intenta revivirlas, creo, porque no me habla.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario